viernes, 4 de noviembre de 2022

Presentación de INHUMACIÓN III de Christian Villamide dentro del proyecto CABODANO II comisariado por MMANUEL SENDÓN.

Presentación de INHUMACIÓN III de Christian Villamide dentro del proyecto CABODANO II, en el MUSEO PROVINCIAL DE LUGO, comisariado por MANUEL SENDÓN. Obra que revindica la memoria de la actividad editorial del CENTRO DE ESTUDOS FOTOGRÁFICOS. (CEF. Vigo.

Inauguración de INHUMACIÓN III de Christian Villamide













https://cefvigo.wordpress.com/christian-villamide/


INHUMACIÓN III de Christian Villamide

"La verdad, como la luz, ciega. La mentira, por lo contrario, es un bello crepúsculo que realza cada objeto". Albert Camus.


La pieza escultórica INHUMACIÓN III de Christian Villamide está emparentada con la obra inhumación I realizada en 2019 en el Centro de arte CAB de Burgos e INHUMACIÓN II realizada en 2020 en el Centro Galego de arte Contemporánea, CGAC. La obra nos habla de todo lo que va quedando sepultado bajo el asfalto, hormigón, las ciudades, bajo nuestros pies, de esa cultura olvidada, de periodos borrados de civilizaciones, de revoluciones perdidas, de ideas, pensamientos o acciones sepultadas.... Habla de la perdida de esa memoria histórica.

En esta caso INHUMACIÓN III nos habla del fin de proyectos realizados por el Centro de Estudos Fotográficos (CEF) de Vigo que tanto aporto a la cultura y a la riqueza intelectual de la sociedad, de ese vacío dejado por sus contenidos, dese hueco no ocupado por otros proyectos, de esa perdida, pero también de todo lo que germino a raíz de estas iniciativas, esto es un gran valor para el futuro más culto y libre.

Asistimos por un lado a una sensación de perdida que nos permite reflexionar sobre las malas políticas culturales y sobre la cultura que devoramos o consumimos sin la más mínima reflexión ni crítica.

En la pieza INHUMACIÓN III hecha en exclusiva para Cabodano II y comisariada por Manuel Sendón, expuesta en el Museo Provincial de Lugo, busque junto con la directora del Museo Aurelia Balseiro, una ubicación adecuada para la pieza, siendo la sala de arte sacro la escogida, estableciendo un diálogo con la pintura de una virgen dolorosa que allí se encuentra.

Sobre una torniqueta que amordaza una serie de libros de la colección Do Trinque, editados por el centro de Estudos Fotográficos, se eleva una estructura de acero corten, grabada y pulida finalmente con polvo de oro y ceras de la que salen dos haces de láser verde que dibujan un camino, con la que represento por un lado la perdida o el hueco de la misma y por otro lado lo que nos hizo crecer como sociedad más culta como consecuencia de esos proyectos hoy varados en el tiempo.

                                                                               Christian Villamide

Libros usados para realizar INHUMACIÓN III de Christian Villamide. Colección Do Trinque. Editados por el Centro de Estudos Fotográficos.

Luis González Palma
Aziz+Cucher "10 años de traballo conxunto"
Andrea Costas "Persoal e transferíbel"
Wojciech Prazmowski
José Romay "Nogrande azul"
Joachim Schmid "Traballos fotográficos / Photoworks 1982-2002"
Graciela Sacco
Milagros de la Torre
Rut Massó "Cartas á Fisgona"
Karen Knorr "Belgravia"
Olga Osorio " Reflexións"





CABODANO II. Manuel Sendón 
Cando o Centro de Estudos Fotográficos (https://cefvigo.wordpress.com/) interrompe a súa actividade como editora, despois de ter publicado en trinta anos 44 libros de fotografía, xorde a idea de facer un "velorio" en forma de exposición da súa actividade editorial. as circunstancias non o fixeron posibél, mais non se abandonou  a idea que co tempo foi collendo máis intensidade, e xurdiu o proxecto Cabodano da actividade editorial do CEF.
Xa que nos cabodanos a dor do velatorio vai deixando paso á memoria, pareceunos un bo título para este proxecto onde a memoria é o esencial. Mais tamén pode considerarse unha celebración de fin de ciclo, dado que hoxe as circustancias son moi diferentes, a crise, os recortes, as tecnoloxías dixitais... fixeron cambiar o mundo da edición.
En vez de celebralo coa clásica exposición descritiva, xeralmente tan aburridas como carentes de interese estético, convidamos, a tres artistas Ana soler, fran herbello e joan Fontcuberta a traballar sobre os libros que publicamos, seguindo a liña do CEF de darlle máis importancia á produción de proxectos que á recepción de proxectos xa realizados. traballos que foron mostrados en 2019 Na sala da fundación de Vigo.
Posteriormente en 2021, iníciase unha nova etapa do proxecto, Cabodano II. IIª Andaina, pondo a disposición de diferentes artistas os libros que quedan, que son fundamentalmente exemplares Do Trinque. Colección composta por 22 libros dos que a metade están dedicados a artistas galegos daquela emerxentes. Algúns deses traballos, como os de Victoria Diehl ou Fran Hervello, tiveron unha importante proxección fóra de Galiza. Os restantes son de fotógrafos e fotógrafas de gran relevancia internacional, como Karen Knorr, Antoine D´Agata, Joachim Schmid, Luis González Palma, Aziz+Cucher...
Coa obra de Christian Villamide dase continuidade a este proxecto, do que xa se teñen presentado as propostas de Almudena Fernández, Mónica Alonso, e Alberto Ardid, María X. Fernández, Juan Rivas, Ignacio Pérez Jofre e Din Matamoro Roque, e no futuro irán dandose a coñecer outras porpostas.
O CEF convida a que visite a exposición e que leve un libro, mais só un.

                                                                                        Manuel Sendón

domingo, 26 de junio de 2022

Christian Villamide con la galerista Marisa Marimón

 Christian Villamide con la galerista Marisa Marimón, Nuria y la Comisaría de la exposición Sara Donoso de ATREZO-TERRITORIO de Christian Villamide.

GALERÍA MARISA MARIMÓN

PULSAR AQUÍ para ver enlace www de la galería Marisa Marimón


La galerista Marisa Marimón con Christian Villamide
La galerista Marisa Marimón con Christian Villamide


 



 

 














NUEVAS GEOGRAFÍAS PARA UN PAISAJE EXHAUSTO

"(...) alterado por cierta insólita ligereza del aire y por el escenario sin límites, permanecí como privado de sentido. Miré entorno de mí: las nubes estaban bajo mis pies y ya me parecían menos increíbles el Athos y el Olimpo mientras observaba desde una montaña de menor fama lo que había leído y escuchado acerca de ellos (...)"

Francesco Petrarca.

Carta escrita por Petrarca, dirigida a Dionigi da Borgo san Sepulcro tras su ascensión al monte Ventoux el 26 de abril de 1336.

La ascensión al monte Ventoux por parte del poeta Petrarca es considerada un punto de inflexión para la concepción del paisaje en la sociedad occidental. Tanto si la subida se produjo realmente como si se trata de una completa metáfora construida en la vívida imaginación del poeta, destaca su contribución a la introducción del componente estético en la noción de camino. En realidad, podríamos señalar varios momentos a lo largo de la historia determinantes  para conversión de la naturaleza en paisaje a través de la mediación de la mirada. Con todo, el origen del paisaje, como palabra, parece remontarse a finales del siglo XV, siendo a principios del XVI cuando se señala a Robert  Estienne como el primer autor en introducir  este término (1549), referido únicamente a aquellos cuadros que contienen de fondo una escena campestre. Fue el arte, la pintura, quien ejerció de anfitriona al convidar a pintores, poetas y pensadores a escudriñar ese misterio embriagante que pasó de sugerirse entre los fondos de los cuadros a ocupar su totalidad. Desde entonces, la admiración por la naturaleza y su papel en el aprendizaje del comportamiento estético han trazado diversas líneas de actuación fundamentales para la deriva de una consecución de relaciones que implican a diferentes esferas de la cultura y  de la sociedad. Actualmente, a toda esta coexistencia de interpretaciones cruzadas que vehiculan naturaleza y artificialización debemos sumarle un nuevo reto: el paisaje ha abandonado incluso su condición de marco estetizado para transformarse  en su espejismo; en una réplica trastocada y controlada de sí mismo. Algo así como imponer su destrucción para después escenificarlo sin salirse del marco. Aquí se encuentra uno de  los traumas de la era contemporánea, en esa naturaleza consumida entre el asfalto que nos sitúa próximos a la distopía.

Asomarse a la obra de Christian Villamide es plantarse en cierto modo todas estas cuestiones, es indagar desde lo plástico en un trabajo capaz de agitar conciencias. Villamide es un creador de paisajes y mundos, lo hace  con la capacidad que tiene el arte de herir y cautivar en el tiempo. sus imágenes recrean esa estética de lo fragmentario que tiene que ver con la deriva física del agotamiento de la tierra. Simula así un sistema de latifundios y minifundios sobreexplotados, de espacios colapsados por la intervención humana, de un verde consumiendo que continúa sin embargo arrojando belleza. Sus obras son como respiraciones inconstantes que que abrazan un accidente auto-provocado, una experiencia de conexiones múltiples donde el paisaje ya no es solo el espacio del placer estético sino el del aprovechamiento material, el de la industria y la macroeconomía, el del turismo y, finalmente, el de un disfrute dirigido. Si ese gusto refinado a lo largo de los siglos implicó la artealización1 de la naturaleza y sus diferentes intensidades espirituales, desde la actual perspectiva macrosocial resulta complejo discernir la atracción por los espacios naturales de la disposición a satisfacer demandas que tienen que ver con el ocio o con determinados modelos de vida.

 Desde esta perspectiva, Atrezo-territorio propone una mirada crítica frente a la desbordante propone una mirada crítica frente a la desbordante dulcificación de los espacios en los que la vegetación simula ser nativa del reclamo visual. También nos habla de la acelerada transformación del territorio en prol del progreso y la especulación, ahondando en el concepto de lo natural como un bien de consumo lo hace a partir de una exploración plástica dilatada donde cada una de sus esculturas, de sus volúmenes, acaricia lo pictórico al introducir el color no solo como elemento visual sino también simbólico. Christian Villamide construye sus propuestas a través de un proceso de ocultamiento y desvelo, suaviza los vínculos con lo real pero a la vez conjuga las formas y materiales de tal modo que habilita una suerte de pistas, conduciéndonos a través de su universo visual hasta el mundo que habitamos. Si sus ganas de verdes, dorados y amarillos se aproximan tanto a la densidad de la vegetación como a las grandes superficies cultivadas, la preferencia por el mármol y el acero corten sugieren un viaje sensorial, a través de sus vetas, texturas y peculiaridades. Una reivindicación de lo vivo y lo mutable. como el paisaje, sus obras explicitan la pátina del tiempo. En el caso de series como PERturbacións o Terrenos y cultivos ,el acero funciona a modo de piel, de sistema sintiente que absorbe el devenir de los ritmos cotidianos. Las condiciones climáticas, la humedad, la luz o la temperatura imprimen su huella sobre el material, lo resitúan en relación al mundo y sus constantes. Christian Villamide persigue que esto suceda pero también interviene el proceso para impedir una total autonomía. El control del oxidado conduce a una ralentización de los ciclos del material sin ocultar su propia poética, incluso permitiendo que esta concretice sus líneas de expresión. En ocasiones el artista incorpora el espejo (PERturbacións X) logrando introducir en el contenido universo de la pieza referencias al contexto que la acoge y almacenando, al mismo tiempo, la luz y que emana y rebota a su alrededor. Esa acción de recoger lo de afuera, la luz y sus derivaciones, termina por hacer brotar las sombras y estas, a su vez, dibujan nuevos perfiles sobre la pared.

A todos estos registros se suma la preferencia por el dorado, en ocasiones absorbido entre la porosidad del acero corten y otras veces directamente manifiesto. En PERturbacións IV (Dánae) emplea el mito griego en el que Zeus deja embarazada a Dánae al derramar sobre ella una lluvia dorada, en alusión a la carga simbólica que ha atesorado este color a lo largo de la historia y su asociación con el poder tanto físico como divino. El oro es la riqueza pero, sobre todo, control. Una aproximación a la iconografía medieval nos lleva a adivinar también su relación con lo celestial, el sol y otros elementos de la naturaleza atribuidos a diferentes deidades. en la cultura inca, por ejemplo, se asociaba a las lágrimas del sol. Como una metáfora profusa que recoge ambos planteamientos, en las propuestas de Christian Villamide el dorado es receptivo de ser tanto un atributo divino como un distintivo del poder que el ser humano ejerce sobre la Tierra. la serie Terrenos y cultivos constata de algún modo estas interferencias al introducirse en un espacio plástico de referencias clásicas, sintetizando motivos de influencia islámica con las cenefas, dibujadas por oxidación y mordiente en el metal. estas geometrías adoptan la representación de una vista aérea sobre el territorio, como esos nuevos paisajes definidos en términos de productividad, metros cuadrados y valor material. Con cada elemento empleado se multiplican las capas de sus composiciones, que simulan collages tridimensionales, y continúan añadiendo sensaciones hápticas y significados: las ramas de mármol como alegoría de la congelación de lo orgánico, la calidez del acero y sus pátinas de cera y oro intensifican su enfrentamiento ante la fría rigidez del mármol. Pero ambos comunican sus tránsitos.

En obras de la serie Atrezo-territorio permanece ese mismo interés por la superposición de capas donde se van sumando significados, esta vez plasmados entre los desvelos y vigilias del papel. Empleando planos originales de transformaciones parcelarias, Christian Villamide intercala las cartografías reales con intervenciones pictóricas de formas triangulares que emergen afirmando su presencia como guiño al paisaje quebrado. el paisaje expresa su rotundidad en forma de verdes manchas geométricas, eco de las montañas que fueron. Las acompañan inquietantes construcciones negras reflejo de la omnipresencia de los apuntalamientos, o las torres eléctricas que pueblan hoy en día nuestros bosques Y hacia  divisorios; una topografía de los lindes, el aparcelamiento y las expropiaciones. Hay en estas imágenes una continua transposición de relaciones donde cohabitan, al igual que en el sentir contemporáneo, las más variadas aproximaciones hacia un paisaje que se conforma atrezo pero que continua latiendo.

Las obras aquí presentes se insertan en una lógica de contrastes, el artista escruta con dureza el comportamiento humano sobre el territorio pero también celebra su capacidad mutable y esas pequeñas rebeldías de la naturaleza que se empeña en surgir aunque la acoten. Por eso sus imágenes persiguen la belleza en su rotundidad. En su modo de organizar los pesos y volúmenes, las medidas y alturas de la composición o esos puntos cromáticos que atraen la atención hay siempre un devenir pictórico, tal vez buscado o simplemente hallado, que nos devuelve a ese primer paisaje todavía sin nombre de aquellos tiempos en los que empezaba a construirse su definición. Ahora sus múltiples alteraciones llegan incluso a enturbiar el término cuando lo vemos forzado a encontrarse a sí mismo entre los huecos que le cede el pavimento con el fin de perseguir su función ornamental. Podríamos decir que la obra de christian Villamide actúa entre la crítica y el contrapunto, cultiva las tensiones intermedias entre lo alucinado del espacio natural  y su resquebrajamiento, que supura como una herida sometida a un proceso de dominación constante. La mirada se puebla de paisajes desmembrados, reubicados, nuevas geografías confrontadas entre lo artificial y la memoria de las formas actuales en la naturaleza.

Sara Donoso

1 Este concepto permite diferenciar el país, aquello que existe por sí mismo, del paisaje, término elaborado culturalmente. Sin esta mediación, el paisaje no existiría, ya que está subordinado a nuestra disposición de disfrutar del mismo en términos estéticos y contemplativos. V. ROGER, Alain: Breve tratado del paisaje. Madrid: Biblioteca Nueva, 2007, pp.21-23.

domingo, 19 de junio de 2022

Crítica de arte de Tareixa Taboada sobre la exposición ATREZO-TERRITORIO de Christian Villamide en la galería Marisa Marimón

Crítica de arte de Tareixa Taboada sobre la exposición ATREZO-TERRITORIO de Christian Villamide en la galería Marisa Marimón. Comisariada por Sara Donoso

La Voz de Galicia. Ourense. 13 de junio de 2022



martes, 3 de mayo de 2022

Próxima exposición de Christian Villamide ATREZO-TERRITORIO en Galería Marisa Marimón

 Próxima exposición de Christian Villamide ATREZO-TERRITORIO 

en Galería Marisa Marimón.

Comisaria / curator: Sara Donoso

Inauguración: 13 de mayo de 2022
Hora: 20:00 horas
Del 13 de mayo al 30 de julio











NUEVAS GEOGRAFÍAS PARA UN PAISAJE EXHAUSTO

"(...) alterado por cierta insólita ligereza del aire y por el escenario sin límites, permanecí como privado de sentido. Miré entorno de mí: las nubes estaban bajo mis pies y ya me parecían menos increíbles el Athos y el Olimpo mientras observaba desde una montaña de menor fama lo que había leído y escuchado acerca de ellos (...)"

Francesco Petrarca.

Carta escrita por Petrarca, dirigida a Dionigi da Borgo san Sepulcro tras su ascensión al monte Ventoux el 26 de abril de 1336.

La ascensión al monte Ventoux por parte del poeta Petrarca es considerada un punto de inflexión para la concepción del paisaje en la sociedad occidental. Tanto si la subida se produjo realmente como si se trata de una completa metáfora construida en la vívida imaginación del poeta, destaca su contribución a la introducción del componente estético en la noción de camino. En realidad, podríamos señalar varios momentos a lo largo de la historia determinantes  para conversión de la naturaleza en paisaje a través de la mediación de la mirada. Con todo, el origen del paisaje, como palabra, parece remontarse a finales del siglo XV, siendo a principios del XVI cuando se señala a Robert  Estienne como el primer autor en introducir  este término (1549), referido únicamente a aquellos cuadros que contienen de fondo una escena campestre. Fue el arte, la pintura, quien ejerció de anfitriona al convidar a pintores, poetas y pensadores a escudriñar ese misterio embriagante que pasó de sugerirse entre los fondos de los cuadros a ocupar su totalidad. Desde entonces, la admiración por la naturaleza y su papel en el aprendizaje del comportamiento estético han trazado diversas líneas de actuación fundamentales para la deriva de una consecución de relaciones que implican a diferentes esferas de la cultura y  de la sociedad. Actualmente, a toda esta coexistencia de interpretaciones cruzadas que vehiculan naturaleza y artificialización debemos sumarle un nuevo reto: el paisaje ha abandonado incluso su condición de marco estetizado para transformarse  en su espejismo; en una réplica trastocada y controlada de sí mismo. Algo así como imponer su destrucción para después escenificarlo sin salirse del marco. Aquí se encuentra uno de  los traumas de la era contemporánea, en esa naturaleza consumida entre el asfalto que nos sitúa próximos a la distopía.

Asomarse a la obra de Christian Villamide es plantarse en cierto modo todas estas cuestiones, es indagar desde lo plástico en un trabajo capaz de agitar conciencias. Villamide es un creador de paisajes y mundos, lo hace  con la capacidad que tiene el arte de herir y cautivar en el tiempo. sus imágenes recrean esa estética de lo fragmentario que tiene que ver con la deriva física del agotamiento de la tierra. Simula así un sistema de latifundios y minifundios sobreexplotados, de espacios colapsados por la intervención humana, de un verde consumiendo que continúa sin embargo arrojando belleza. Sus obras son como respiraciones inconstantes que que abrazan un accidente auto-provocado, una experiencia de conexiones múltiples donde el paisaje ya no es solo el espacio del placer estético sino el del aprovechamiento material, el de la industria y la macroeconomía, el del turismo y, finalmente, el de un disfrute dirigido. Si ese gusto refinado a lo largo de los siglos implicó la artealización1 de la naturaleza y sus diferentes intensidades espirituales, desde la actual perspectiva macrosocial resulta complejo discernir la atracción por los espacios naturales de la disposición a satisfacer demandas que tienen que ver con el ocio o con determinados modelos de vida.

 Desde esta perspectiva, Atrezo-territorio propone una mirada crítica frente a la desbordante propone una mirada crítica frente a la desbordante dulcificación de los espacios en los que la vegetación simula ser nativa del reclamo visual. También nos habla de la acelerada transformación del territorio en prol del progreso y la especulación, ahondando en el concepto de lo natural como un bien de consumo lo hace a partir de una exploración plástica dilatada donde cada una de sus esculturas, de sus volúmenes, acaricia lo pictórico al introducir el color no solo como elemento visual sino también simbólico. Christian Villamide construye sus propuestas a través de un proceso de ocultamiento y desvelo, suaviza los vínculos con lo real pero a la vez conjuga las formas y materiales de tal modo que habilita una suerte de pistas, conduciéndonos a través de su universo visual hasta el mundo que habitamos. Si sus ganas de verdes, dorados y amarillos se aproximan tanto a la densidad de la vegetación como a las grandes superficies cultivadas, la preferencia por el mármol y el acero corten sugieren un viaje sensorial, a través de sus vetas, texturas y peculiaridades. Una reivindicación de lo vivo y lo mutable. como el paisaje, sus obras explicitan la pátina del tiempo. En el caso de series como PERturbacións o Terrenos y cultivos ,el acero funciona a modo de piel, de sistema sintiente que absorbe el devenir de los ritmos cotidianos. Las condiciones climáticas, la humedad, la luz o la temperatura imprimen su huella sobre el material, lo resitúan en relación al mundo y sus constantes. Christian Villamide persigue que esto suceda pero también interviene el proceso para impedir una total autonomía. El control del oxidado conduce a una ralentización de los ciclos del material sin ocultar su propia poética, incluso permitiendo que esta concretice sus líneas de expresión. En ocasiones el artista incorpora el espejo (PERturbacións X) logrando introducir en el contenido universo de la pieza referencias al contexto que la acoge y almacenando, al mismo tiempo, la luz y que emana y rebota a su alrededor. Esa acción de recoger lo de afuera, la luz y sus derivaciones, termina por hacer brotar las sombras y estas, a su vez, dibujan nuevos perfiles sobre la pared.

A todos estos registros se suma la preferencia por el dorado, en ocasiones absorbido entre la porosidad del acero corten y otras veces directamente manifiesto. En PERturbacións IV (Dánae) emplea el mito griego en el que Zeus deja embarazada a Dánae al derramar sobre ella una lluvia dorada, en alusión a la carga simbólica que ha atesorado este color a lo largo de la historia y su asociación con el poder tanto físico como divino. El oro es la riqueza pero, sobre todo, control. Una aproximación a la iconografía medieval nos lleva a adivinar también su relación con lo celestial, el sol y otros elementos de la naturaleza atribuidos a diferentes deidades. en la cultura inca, por ejemplo, se asociaba a las lágrimas del sol. Como una metáfora profusa que recoge ambos planteamientos, en las propuestas de Christian Villamide el dorado es receptivo de ser tanto un atributo divino como un distintivo del poder que el ser humano ejerce sobre la Tierra. la serie Terrenos y cultivos constata de algún modo estas interferencias al introducirse en un espacio plástico de referencias clásicas, sintetizando motivos de influencia islámica con las cenefas, dibujadas por oxidación y mordiente en el metal. estas geometrías adoptan la representación de una vista aérea sobre el territorio, como esos nuevos paisajes definidos en términos de productividad, metros cuadrados y valor material. Con cada elemento empleado se multiplican las capas de sus composiciones, que simulan collages tridimensionales, y continúan añadiendo sensaciones hápticas y significados: las ramas de mármol como alegoría de la congelación de lo orgánico, la calidez del acero y sus pátinas de cera y oro intensifican su enfrentamiento ante la fría rigidez del mármol. Pero ambos comunican sus tránsitos.

En obras de la serie Atrezo-territorio permanece ese mismo interés por la superposición de capas donde se van sumando significados, esta vez plasmados entre los desvelos y vigilias del papel. Empleando planos originales de transformaciones parcelarias, Christian Villamide intercala las cartografías reales con intervenciones pictóricas de formas triangulares que emergen afirmando su presencia como guiño al paisaje quebrado. el paisaje expresa su rotundidad en forma de verdes manchas geométricas, eco de las montañas que fueron. Las acompañan inquietantes construcciones negras reflejo de la omnipresencia de los apuntalamientos, o las torres eléctricas que pueblan hoy en día nuestros bosques Y hacia  divisorios; una topografía de los lindes, el aparcelamiento y las expropiaciones. Hay en estas imágenes una continua transposición de relaciones donde cohabitan, al igual que en el sentir contemporáneo, las más variadas aproximaciones hacia un paisaje que se conforma atrezo pero que continua latiendo.

Las obras aquí presentes se insertan en una lógica de contrastes, el artista escruta con dureza el comportamiento humano sobre el territorio pero también celebra su capacidad mutable y esas pequeñas rebeldías de la naturaleza que se empeña en surgir aunque la acoten. Por eso sus imágenes persiguen la belleza en su rotundidad. En su modo de organizar los pesos y volúmenes, las medidas y alturas de la composición o esos puntos cromáticos que atraen la atención hay siempre un devenir pictórico, tal vez buscado o simplemente hallado, que nos devuelve a ese primer paisaje todavía sin nombre de aquellos tiempos en los que empezaba a construirse su definición. Ahora sus múltiples alteraciones llegan incluso a enturbiar el término cuando lo vemos forzado a encontrarse a sí mismo entre los huecos que le cede el pavimento con el fin de perseguir su función ornamental. Podríamos decir que la obra de christian Villamide actúa entre la crítica y el contrapunto, cultiva las tensiones intermedias entre lo alucinado del espacio natural  y su resquebrajamiento, que supura como una herida sometida a un proceso de dominación constante. La mirada se puebla de paisajes desmembrados, reubicados, nuevas geografías confrontadas entre lo artificial y la memoria de las formas actuales en la naturaleza.

Sara Donoso

1 Este concepto permite diferenciar el país, aquello que existe por sí mismo, del paisaje, término elaborado culturalmente. Sin esta mediación, el paisaje no existiría, ya que está subordinado a nuestra disposición de disfrutar del mismo en términos estéticos y contemplativos. V. ROGER, Alain: Breve tratado del paisaje. Madrid: Biblioteca Nueva, 2007, pp.21-23.